el primer poema | El poema en el poema  |6
La tierra era como un sepulcro vacío.
La lluvia caía sobre toda la vastedad
sin distinguir una hoja de otra.


El hombre apareció
al mismo tiempo que su lámpara.
El fuego, antes de verlo arder.

El hombre midió primero el arco
midió primero el grano
y después lo que se esfuma.
Alimentó su lámpara con su doble soplo
y después con su conjuro.

Nadie recuerda ese paso que damos hacia el fuego
ese paso tan largo que borra todos los otros.
Y estalla su cáscara adentro del árbol
adentro del fuego
como una flor de piedra.

Nombrado seas tú, nombrado sea yo
porque nombrados volvemos a ser el mismo hombre.
Y somos otra vez ese puñado de ceniza
arrojado hacia arriba
buscando la ceguera deslumbrante o la ceguera ciega
esas dos llamaradas del fuego del hombre.


Haz la máscara, dijo un hombre muy viejo
palpando largamente mis manos con sus manos frías.
Hazla para que me veas un día con mis propios ojos.