el invitado (fragmento VIII) | Enjambre  |17

En la casa silenciosa y fría
todos duermen, menos el deseo
de palpar y hablar que tiene un niño.
Y mi inconsciencia lo confunde con la lluvia
o la proximidad de la mañana.

Porque no deja de mirar sus manos.
Y aunque a mí me confunde con el muro,
y a todos los demás, con el océano,
a sus manos las contempla como manos.

Y como si alguien remeciera un palto,
y no cesaran de caer las frutas,
así dormimos, y despertamos de pronto,
y buscamos con cuidado un niño,
cuando no somos más que la ausencia
y el asombro de esas manos nuevas.