antiguedad | El viento de los reinos  |21



Amarillo era el caballo
indolente el cielo
los seres trabajaban sin ruido en el perfume
eran viejos como el azafrán, como el sol de los templos
en la madurez vivían como en un fruto que aplastaba el mundo
en la blandura de una madre.

No pude romper el pan ni la madera
ni derramar las cenizas
todo era demasiado humano
corporal como alguien que duerme
había aprendido el polvo a ser polvo
la piedra a ser piedra
los hombres habían aprendido a reposar
a ser carne de sus propios dioses.

Despertad a la sonrisa
al aflojamiento puro
a la cera de la inmensidad
despertad al mediodía en que todo se estira y se prolonga
obscureced al mundo con vuestra plenitud
vivid en la carnalidad doblegada del otoño.