galopan las patrullas | El poema negro de Chile  |25



Galopan las patrullas, galopan sobre ellas mismas,
resbalándose en el estiércol de las cabalgaduras.
Quién podría distinguir la torturada voz del hombre
entre el clamor y el látigo de las caballerizas ?

Olía como el pan el cuerpo del labrador
después de su trabajo.
Y cuando se lavaba, desnudo hasta la cintura,
el río se oscurecía con el polvo de su rostro,
la tierra se oscurecía como si en él se bañara.

Hoy los caballos, con sus ijares abiertos,
orinan, estercolan, se hieren unos con otros.
La furia los comanda, pero el grito los detiene.
La sangre los empuja, pero la desnudez los asusta.
Y miran a sus dueños sin encontar sus ojos.
No tiene rostro el patrullero :
tiene la mano enguantada y el toperol en la bota
para clavar al desnudo
en la puerta de su casa o en la mesa donde come.

El caballo acorrala al perseguido contra el muro,
contra el árbol, contra su mujer o su hijo.
Y la espuela lo atraviesa de costado a costado
para herir al hombre, para enloquecerlo
con la llaga del caballo y con su propia llaga.
Queda el caballo moribundo, y el hombre,
amarrado al palo del castigo,
sufre con la boca oscura de su cuerpo
y con los ojos del caballo, que no saben sufrir.