un desterronado | Mujeres de oscuro  |29

Un hombre es desterrado a perpetuidad
y sale con un pedazo de su cuerpo
a vivir en la otra orilla del mundo
a donde sólo llega la voz de sus muertos.
Lo primero que hace es mirar esa tierra desconocida
que se escurre entre sus dedos como el azogue
y donde sus pasos mueren al andar.
Pasan algunos años. El hombre sigue viviendo
con los restos de su cuerpo y de su alma.
Y a la ventana se vuelve
         a su propia ventana
como buscando su habitación en el mundo.

No reconoce el otoño ni el verano
         el comienzo
ni el final de la calle donde vive.
Y está sentado pero no encuentra de qué conversar
no sabe dónde guardar cada crepúsculo
ni tampoco desde cuándo se halla solo
si tiene calor o frío
si ha comenzado a llover
si tiene que levantarse para ir al trabajo.
Y mira el cielo más de lo corriente
como si fuera a perderse al alejarse por la calle.
Siempre está vestido en plena noche
como esperando que lo llamen de la noche vecina.
Y siente frío en torno suyo
un frío de tierra entera
en cada planta de los pies.

Un hombre viene a vivir a una ciudad desconocida
y todos se preguntan quién es
y él se pregunta lo mismo.
Porque siempre está ahí
         al comienzo del día o de la noche
contemplando la ciudad
         el humo de las chimeneas.
Y todos se preguntan qué hace
y él se pregunta lo mismo.