las máscaras | La mesa de la tierra |38
Hacedor, estás triste como tus máscaras,
porque no puedes hacer la máscara de tu éxtasis.
Todas las haces mirando la oscuridad
sin hacer la que sonríe a la creación del mundo
que ves alrededor en todas las cosas.
Estás triste como la sonrisa que te creó.
Y haces todos tus rostros de tu propia cara.
Haces siempre el asombro igual al pavor.
Haces siempre la sonrisa sonriendo a sí misma.
No hay nada más insondable en la muerte
que el doble pliegue de los ojos cerrados
y el doble pliegue de los labios abiertos.
Al morir, portarás la máscara que tú mismo tallaste
porque temes la oscuridad y la extrema claridad.
Y cuántas veces la llevaste sin que lo supieras
al mirar por última vez el rostro de los otros.
Cuántas veces al recordar mucho a una persona
entraste sin saber en el sueño
donde las máscaras se ríen con sus bocas de piedra.
Con ella te sentías indemne entre los hombres
y los hombres sin querer te odiaron,
como si pudieras adivinar sus secretos más íntimos
y hubiera alguien más en la pieza cuando reías.
Al vivir, has ido conociento tu rostro
y has ido conociendo la máscara que cuelga del muro.